jueves, 29 de agosto de 2024

Lo que se me mostró en un sueño

Salvo quienes aseguran que pueden hacerlo, los sueños son un don que no se controla, proyecciones de la mente que vienen sin buscarlas que han de decirnos algo en clave. Se suele decir que aquello oculta un significado que debe ser interpretado, ya sea desde un punto de vista esotérico o psicológico... 

Ahora expondré aquello que el sueño me dejó y puedo seguir recordando.

Ella, la joven risueña, pálida y de delineado que se extiende levemente hacia el horizonte desde sus ojos, cuyo nombre no recordaba, o más bien, no sabía hasta que lo busqué intencionadamente, apareció. Por motivos que desconozco, me enseñó su estómago y me señaló su ombligo para que me acercara, era como que si ahí hubiera algo que observar, su señalamiento no tenía en absoluto nada de erótico, era del mismo modo en el que se indica para que otro reconozca algo que antes no veía y que está más allá. Yo me acerqué, aceptando su invitación y desperté con cierto gusto a culpa...

Hay intimidades que me disgustan, no suelo acercarme a las personas, tocarlas o dejar que me toquen, pero en ese sueño se había derribado esa barrera, la invitación realizada y mi respuesta onírica era de tal naturalidad que desperté sorprendido. 

En estos instantes tengo la legítima duda acerca de cómo será su ombligo ¿O no será tan legítima considerando quién es y mi posición con respecto a ella? Es un sueño, no importa, pero puede que a alguien le llegue a importar, que me juzgue si ese es su deseo, pero yo no puedo des-soñar.  


martes, 23 de mayo de 2023

Me gustas

Me gustas, sí, me gustas, pero de ello no deriva en absoluto ninguna obligación de mi parte. Pues me gustas como me gusta el paisaje, así, en sí mismo y sin mí. 

Tal vez de casualidad entre por alguno de tus senderos, pero no pretendo dejar huella alguna que pudiera mancillar lo que ahí se ha forjado sin mí, aunque debo confesar que no me libero de la culpa si es que por un gesto de inconciencia llego a alterar la escena que tu propia naturaleza te forjó.

No podría detener este deseo, no tendría sentido convertirlo en otro tipo de pulsión, no merecería la pena confundirlo o transformarlo en física banalidad, marchitarlo... La deriva del paisaje contempla su propio ciclo y me embeleso (o eso pretendo) en dejarlo pasar ante mis ojos.

Nada debería significar para la playa que un día tome en mis manos un puñado de arena para acariciarme con su inevitable caída en cascada entre mis dedos. Para mí significará inmensamente lo mismo que la próxima vez que lo vuelva a hacer en otro de estos mismos parajes o en las dunas a las que el sol y la luna son su única compañía. En cualquier caso, el viento arrastrará todo rastro de mi huella pronto.

Es que así me gustas, me gusta cualquiera que pueda gustarme, intensamente y desde una distancia prudente. Me llevo para mí lo mismo que se lleva el peregrino del camino, que se alegra a cada momento de estar más lejos de su inicio y más cerca de su destino.

Estando exento de escoger, liberado de la duda, embebido de la dulzura de saborear cada vez sin tener que tragar.

Apenas me doy cuenta que voy cambiando de opinión mientras escribo, me gustas sí, pero no me decido desde qué tan lejos. Pero lo cierto es que si dependiese de mí, no te lo diría aunque resultase ser descubierto. Porque mientras me gustas, me gusta otra y amo a otra, que puede o puedes ser la misma.

Y volverá a pasar lo de siempre, que cada instante se ilumina simplemente porque puede iluminarse con este deseo suave de estar ahí, en presencia de ti o cualquiera que en ese instante en particular me gusta.



lunes, 11 de abril de 2022

11 de abril de 2020

Se cumplen 2 años y me pregunto si es justo guardarme esto simplemente para mí mismo, para que se desvanezca hasta convertirse en el recuerdo del recuerdo o si es justo dejarlo anclado en letras para poder siempre renovar este anhelado dolor. Bien sé que lo acontecido en esta fecha no ha sido la causa del final sino más bien el clímax de mi error, aquello que selló con sangre, con mucha sangre, nuestro destino. Por supuesto que no diré qué pasó, seguiremos siendo solamente los dos quienes podremos entender realmente esto sin explicación, aunque siempre un ocasional lector pueda comprender sin saber lo que ocurrió, lo universal que resulta ser tal profundo dolor.

Y me marchité bastante antes del día que ahora me conmueve, de este día que me hiere, arrastrándote conmigo, llevándote al borde de la muerte con ella de compañía mermando la vida de un poco de ti y de mí. Pero me doy un consuelo mirando al pasado para poder seguir, es que no fueron más que una las veces que te abandoné y luego te entregué más que todo para que pudieses estar bien. De la palidez del dolor hasta el arder de un nuevo fuego te acompañé...

Ahora mismo me lastima no saber de tus pasos, no encontrarte en cada instante en los que fuéramos el uno en el otro y nuestro futuro juntos, hoy no es así, porque lo decidiste y porque lo acordamos así.

¿Dónde estás descociendo mis recuerdos? ¿Dónde estás siendo feliz? Me heriría mortalmente saber que hoy me necesitas y que por las fuerzas del destino no puedo estar ahí. Solamente prometo estar al alcance, aunque quedarse es otra forma de partir.

Hablo solamente por mí, nada más quiero en el mundo que estemos consolándonos mutuamente ahora, juntos solamente por el día de hoy, sin importarnos nada, sin que esto recorte la distancia que mañana nos vuelve a resguardar, nos volveremos a olvidar el uno del otro hasta que la fecha cruenta se nos venga otra vez a pronunciar. 




viernes, 18 de marzo de 2022

Faltó la despedida...

 A veces me confundo... no estoy seguro si fueron 6 u 8 años, quizá tal vez todavía no termina, no lo sé. 

Todo iba bien, siempre lo quise creer así, acomodamos nuestros días a la marcha del sol y la luna, cometimos las más grandes hazañas que un amor del transito de la juventud a la adultez, cometí(mos) los más grandes errores que a la fortaleza más fuerte doblega, pero seguíamos juntos dándonos todo, entregándonos mutuamente hasta que dejamos abierta la puerta y extendimos hasta el cansancio la libertad. Decías que me amabas y que querías volverte a enamorar, no de mí, sino que de alguien más. De ese modo lo quisimos pactar, ni siquiera me importa cuántos tardaste en encontrar a ese con el que decidiste al fin poner término a nuestro acuerdo que por supuesto no voy a contar. 

Y una semana antes lloraste por él ante mí, seguramente porque me convertí en el obstáculo, porque se te hacía estrecha la moral y el corazón para amar lo suficiente.

Me dolió esa despedida ausente, como que si realmente hubieses dejado a propósito todo esto sin un verdadero final. No queda en secreto para quién me sabe preguntar que sigo en la espera, que me falta ese abrazo, que me falta todavía desearte suerte.




martes, 9 de julio de 2019

Hojas caídas


Amo esta caricia del vacío, las horas eternas que paso buscando una palabra en silencio sin llegar a ningún destino, hasta que me planto a la sombra de un árbol para respirar el frío y veo pasar hojas moribundas una tras otra a lo largo y ancho del invierno, hasta que no queda ninguna, hasta que la lluvia logra abatir el último rastro del verde que alguna vez tuvo tanta de esa vida manifiesta. De vez en cuando pretendo volver a germinar en un ser creativo, hurgando entre las líneas de algún libro, queriendo que una letra muerta arda en el crematorio de mi mente, para hacer humo y ceniza de nuevo, para ser el calor que me abrigue hasta que decida si hay una meta por lograr. Mis pies enraizados no vuelven a avanzar, cambiaron la distancia por la profundidad, al hundirse en la tierra que promete que seré la leña de algún fuego cuando yo mismo deje de deshojar.



viernes, 24 de mayo de 2019

¿Un sentimiento nuevo?


La pasada noche me atormentó un pensamiento, no era algo nuevo, es la secuela de un camino que recorrí muchas veces y que con el calendario regresa cada año a recordarme que hay algo que me falta. Pero mi alma carente de originalidad que insiste en ese recuerdo fue detenida una vez más por mi mente con una pregunta aún peor que el detonante de mi presente melancolía… ¿Puedes acaso invocar algún sentimiento que no exista? ¿Puedes crear un nuevo latir en tu corazón a un ritmo novedoso?
Así comenzó nuestro diálogo, el desafío estaba hecho y las armas dispuestas para un duelo que sea cual sea el resultado terminaría conmigo. Porque no se trata de sentir otra alegría u otra tristeza, otro placer u otro dolor, es un asunto un poco más complejo… y peligroso por cierto.
Mientras vamos juntos a nuestro recorrido cotidiano la contienda va sucediendo, mi corazón insiste en que cada vez que se inunda de un nuevo sentir, se empapa de algo por descubrir, que aunque la infinidad de las palabras se quede corta para ponerle nombre a ese suspiro, ese instante es único y sin par en la vastedad del universo, pues al igual que una lágrima que jamás sabe igual que la otra, la explosión del interior es simplemente inimitable.
Pero la mente siempre es más hábil con las palabras. En su turno me dice que a pesar de modificar la receta de la alegría o su pena, cada componente ya está escrito de antemano. El fuego siempre es fuego a pesar de lo perfumada de la leña y tras el calor no queda otro rastro que la misma ceniza impedida de arder otra vez.
Se agita el corazón por tal argumento, pero responde que esta ira no es la misma ira, pues está no lleva clavada la intención de venganza ni menos será fruto de un permanente rencor, que se acaba con el fin de esta misma discusión.
Pero no acabará tan pronto, el corazón continúa con su discurso diciendo que las palabras son conceptos incompletos que se orientan a expresar siempre lo inefable de cada experiencia, porque el sentir tuyo o el mío sea de odio o de amor no se agota con la palabra que es el sepulcro de cualquier expresión, que la aprisiona lo suficiente como para que nos entendamos los dos. No es la misma angustia del hambre del niño que llora ante el pecho reseco de su madre por la pobreza, que la angustia del hambre del que vive en opulencia, pero no puede escoger un plato del menú. ¿Cómo podrías compararlos sin que tú propio argumento sea una traición?
La mente se impacienta, arguye que mientras el sentir sea previsible no es nada nuevo, sino una variación de lo que en esencia es, sabemos que esa angustia es la consecuencia del hambre por un lado y por otro de la estupidez, ambas con el absurdo de la injusticia que hiere el alma de todos, incluso de nosotros tres. Esto es simplemente cruel para algunos y para otros al parecer también, y no lo digo con indolencia, pero ese sentimiento es la obvia consecuencia de un paso que se da tras otro del que soy responsable también. Pero no nos encaminemos fuera del tema. Que el sentimiento cualquiera que sea ya existe aunque parezca renovado, aunque parezca que ya ha sido olvidado o que en ti anide por primera vez.
El corazón al fin descubrió lo que la mente pretende, se ha dado cuenta que ella intenta suprimir la originalidad intrínseca de cada sentir, de cada mirada que ve, de cada piel que se eriza cuando la atraviesa el frío o una caricia repentina. Corazón se toma un tiempo para guardar silencio mientras la mente se agita por soltar otro argumento, pero ¿para qué dejarla hablar más si ella es la dueña sin dudas de la razón? Su contraparte ve todo de otro modo, pero de ella serán siempre la pasión y su convicción.
Mientras tanto yo sigo observando sin actuar siquiera como mediador, tratando de aferrarme al pensamiento que me atormentó la noche anterior que se desdibuja ante la intensidad e importancia de esta discusión.

Créditos de la imagen: Alberto Montt



martes, 20 de noviembre de 2018

La última libertad


Pasé de tenerte tan cerca a extrañarte tanto, porque erróneamente di por hecho que simplemente porque estábamos a la distancia del tacto eso me aseguraría que tendría tu sonrisa para siempre. Grandiosa equivocación la mía, que con tanta pasividad te dejé ir ¿Qué podría haber hecho? lo tuyo siempre fue la libertad.

El día que te marchabas me miraste a los ojos con la alegría de quien está a un paso de cumplir sus sueños, yo fui feliz  para ti mientras me mordía los labios sin que lo notaras. Dijiste que no querías que nuestros caminos se separaran, pero que ya era tiempo, yo no te podría seguir hasta ese lugar, no ahora, no pronto. Yo debía permanecer aquí, resistiendo porque eso era lo que acordamos. Sigo sin creer que pretendieras que yo realmente compartiera tu felicidad, pero era más importante que yo me pusiese en tu lugar que tú en el mío. Me queda el tiempo por sanar.

Fuiste el fuego. Te consumiste a ti misma sin dejarlo como un secreto, a la vez que compartías lo suficiente para quitar del frío en toda alma que lo necesitase. Corazón idiota que se niega a enamorarse, pero que amó hasta ser toda ceniza.

Cada día contigo fue la primera vez, la primera mirada, la sonrisa, la caricia... la desnudez completa de tu cuerpo que no dejaban de andar, que nunca te detuvo. Las pocas cosas en las que no llegaste a ser perfecta las reemplazabas con tu prisa, porque el tiempo te marcó con su cuenta atrás. Dijiste que cualquier día podrías desaparecer. Pero llevé hasta las últimas consecuencias el ser paciente en tu huída, lo tuyo siempre fue la libertad. Pero lo mío siempre fue saber esperar. Y donde quiera que sea el lugar al que te llevaron tus ansias de iluminar, disfrutaba ser la sombra que te recordaba que mientras le quedase un día y una noche más a tu vida, volvería a ser parte de ti al menos entre el tránsito de un alba y su ocaso.

¿En qué dirección va este canto de amor? El humo al cielo, las cenizas a la tierra y la lágrima retorna al cauce de su río. Es la primera vez que me quedo tan vacío, sin saber qué hacer con la libertad que me enseñaste, porque ahora mismo la paciencia no sirve de nada, me veo tan absurdo contemplando los restos de aquello que llevó tu nombre alguna vez, no queda nada más realmente vivo que aquello sobre lo que dejaste tu huella e inflamaste con el ardor que te era propio. No queda ningún límite para ti.