Querida, por estos días he escuchado cosas muy interesantes sobre historias que creíamos que eran de niños, es que del Caballero, la Doncella y el Dragón, dicen que es más que un simple cuento infantil y que tras ella se encuentran secretos maravillosos. Dicen que todo eso es una gran metáfora y que poco tiene que ver en realidad con cuestiones de reinos perdidos.
El Caballero, quien se tenía que enfrentar al cruel Dragón no somos más que cada uno de nosotros que tiene que enfrentarse con sus propios miedos para alcanzar a la Doncella que es la otra parte que completa nuestro ser.
Pero estamos realmente convencidos de ver el rostro de la bestia y no huirle, de ver reflejado en sus ojos lo que el mundo ha hecho de nosotros?? de primer momento, en aquel espejo siniestro realmente no nos veríamos, veremos nada más que vanas corazas de hierro y ni siquiera a aquello que lo soporta, es que en mundo nos tiene a tan mal traer que de a poco o con prisa nos cubrimos con lo que sea para sentirnos seguros, sin saber que en realidad estamos ocultando nuestro verdadero ser, y sinceramente creo que esconderse no es sinónimo de hacerse fuerte. Y al querer enfrentarnos al Dragón... dos alternativas malas:
El Caballero huye al ver al Dragón, preferimos muchas veces no enfrentarnos a nosotros mismos, nos engañamos. Así el Caballero prefiere volver a las tierras que son sus dominios sin ser capaz de dominar a la bestia, no somos capaces de dominarnos a nosotros mismos, de encontrarnos con aquellos que nos completa, que nos saca de lo terrenal dejándonos un poco más cerca de la divinidad.
El Caballero corre en dirección a la torre al ver al Dragón, va con su espada y sus corazas, pero con el peso de todo aquello no es lo suficientemente rápido y el Dragón pronto le da caza, es por ello la tétrica decoración que se nos describe de las torres. Nuestra arrogancia nos traiciona, muchas veces pretendemos completarnos a nosotros mismos por medio del ego, sin saber que es eso mismo lo que nos pesa al enfrentarnos a nuestros problemas, en el orgullo no hay solución para la enfermedad del corazón.
Pero no siempre el Caballero va a fracasar, hay solamente una alternativa correcta, y es que aquel que quiere rescatar a la Doncella vea al Dragón a los ojos, que sienta el miedo, pero que por eso no muera ni pretenda huir, que no quiera refugiarse en los hierros de su armadura del fuego que vendrá sobre él... la solución es simple de decir, pero tan complicada de llevar a cabo, es que aquel que quiera encontrarse con la Doncella sea capaz de sobreponerse al miedo y tirar la armadura para poder evadir la furia del Dragón, sin el peso de esa coraza podremos enfrentarnos a nosotros mismos, quizá para la lucha con el filo de la espada de otros hombres servirá, pero contra uno mismo, todo es vano, salvo liberar el espíritu para que pueda encontrar el camino y subir a la torre, solamente los caballeros despojados de toda armadura, de toda vestidura podrán encontrar a la princesa lista para hacerse uno con él, solamente el espíritu sin prejuicios, odios o rencores podrá elevarse...
La duda que ahora tengo querida es del cómo fue que nos separamos de nuestra esencia y entre ella y nosotros se puso en medio el Dragón, si tienes alguna idea que nos lleve a descubrirlo no olvides escribirla y me la dices la próxima vez que nos veamos.

