martes, 30 de octubre de 2018

Nuestra ausencia


Tardé tanto en darme cuenta, porque la verdad es que considerarte a ti como una fantasía o un idealizado amor fue un gran error, habiendo limitado tanto tu propia autenticidad con mis anhelos que jamás tuvieron razón de ser. Y fue una equivocación por más de un motivo, porque simplemente nunca pude ver a tiempo quien tú eres en realidad y también porque no hay nada más injusto que quitarle a alguien más su propia identidad.

Me daré un momento para recordar:

La primera vez que hablamos casi no pudimos entendernos, sin duda la mayor de las culpas es mía, ya que siempre me causa algo de miedo que alguien más se interese por mí, así transitamos de banalidad en banalidad intentando conocernos... lo que cada uno vive, lo que nos gusta, aquello en que hemos trabajado... limando poco a poco el cascarón para ver si era posible entrar un poco más dentro.

Y así con el tiempo, tú marchándote siempre tan pronto y yo simplemente esperando tanto, inventándome historias de lo que hacías, de lo que piensas e intentando imaginar una tan pequeña posibilidad de llegar a verte tan profundo a los ojos para que ya sin hablar pudieras saber cuánto te había llegado a querer. Pero nunca fue posible, también estoy seguro de que no lo será...

Ensayé mil veces la forma de decirte un “te quiero”, cada vez que tuve la oportunidad de decírtelo mi garganta se apretaba y mi corazón tenía que soportar el peso que no podía contener más que con el silencio. Quedaron relegados al pasado esos momentos.

Un día me dijiste que vendrías, no supe qué hacer cuando ya te tuve cerca y de tu boca salieron dos palabras que siempre quise escuchar, tu ahí tan desnuda diciendo que me amas y yo teniendo tan cubierta la mente de armaduras me alejé de ti.

Me di cuenta que eras más mujer de lo hombre que era yo, preferí seguir siendo un niño temeroso  el día que debí ser el amante que imaginaste que yo debería ser.

Te imaginé siendo el agua y el aire mientras no veía que eres el fuego más intenso y la tierra más fecunda...

Me consuelo con saber que ambos cometimos el mismo error.

Así es que he decidido reconciliarme contigo, en la plenitud de nuestra ausencia. El día en que volvamos a encontrarnos, en que nos toque estar tan cerca que no podamos evadirnos el uno al otro, recordaré tu nombre y me entregaré a la más rotunda naturalidad.

Ausencia
Imagen de https://www.flickr.com/photos/donpajarito/