martes, 9 de julio de 2019

Hojas caídas


Amo esta caricia del vacío, las horas eternas que paso buscando una palabra en silencio sin llegar a ningún destino, hasta que me planto a la sombra de un árbol para respirar el frío y veo pasar hojas moribundas una tras otra a lo largo y ancho del invierno, hasta que no queda ninguna, hasta que la lluvia logra abatir el último rastro del verde que alguna vez tuvo tanta de esa vida manifiesta. De vez en cuando pretendo volver a germinar en un ser creativo, hurgando entre las líneas de algún libro, queriendo que una letra muerta arda en el crematorio de mi mente, para hacer humo y ceniza de nuevo, para ser el calor que me abrigue hasta que decida si hay una meta por lograr. Mis pies enraizados no vuelven a avanzar, cambiaron la distancia por la profundidad, al hundirse en la tierra que promete que seré la leña de algún fuego cuando yo mismo deje de deshojar.



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