jueves, 10 de mayo de 2018

Evelyn


Evelyn,

El día desde el que jamás nos volveríamos a ver fue sin duda alguna el día de mi verdadero nacimiento. Si bien todos sabemos que por vía de una madre se nos deja caer en este mundo, fuiste tú la que auténticamente me entregó con la sabiduría suficiente para conocer el amor en la profundidad de mi propio corazón.

Desee tantas veces estar junto a ti, lo desee tanto y por eso mismo también fue que sufrí al darme cuenta que cada vez que intentaba recordarte, traicionaba más y más a tu recuerdo. Así decidí buscarte incansablemente, volver al lugar donde nos conocimos a reencontrarme con tus caminos, con tus palabras, con ese amor que nunca me dejaste confesarte porque simplemente no era verdadero amor. No llevé más conmigo que la ilusión de creer que podría encontrarte en una ciudad que me quedaba grande contra el tiempo que tenía para estar ahí.

Y fracasé.

Yo todavía recuerdo el lugar y la hora exacta de la primera vez que nos vimos, también la forma en que sonreíste porque pude adivinar la edad que tenías en el primer intento, yo siendo infinitamente pequeño a mis 15 años y tú tan inmensamente sabia a tus 17. ¿Aún me recordarás siendo tan poco el tiempo en el que nos conocimos? Ya no sé si fueron cuatro o cinco los días en los que estuvimos juntos, hay muchas cosas sobre las que ya me confundo, pero siempre tendré la certeza que para llegar a amarte a ti, me tuve que amar antes.

Pronto se cumplirán 13 años en que los fríos y las lluvias del sur nos vieron haciéndonos compañía por primera y última vez, todo siendo tan rápido, tan profundo que apenas supe tu primer nombre, es que supongo que hay una forma muy especial de amor en las que ya ni siquiera importa mucho el tener nombres o cuerpos y todo se reduce a la suavidad de las miradas y la sinfonía de los latidos.
Ya ni sé si estás viva, no pienso mucho en ello, pero me guardo la certeza que en mi interior despertaste la semilla del amor y sin la luz de ese milagro no podría volver a amar. No quiero que te confundas al leer mi carta, he sido inmensamente feliz en tu ausencia, no espero que vuelvas ni me respondas, muchas veces esto que me enseñaste también lo he entregado con la pasión de las palabras, los labios y algo más a alguna otra mujer, debes saber que nunca anhelé de ti esa clase de amor.

Aunque hoy puedas ser otra, para mi seguirás siendo esa alma que me declaró su amor amándose a sí misma.

Con todo mi amor



No hay comentarios:

Publicar un comentario